lunes, 17 de mayo de 2010

EDUCAR CON DISCIPLINA


EDUCAR CON DISCIPLINA (Escrito por Bruno Ferrari (México) - 23.04.2007

La paternidad trae consigo la inaplazable responsabilidad de educar a nuestros hijos y esto no necesariamente tiene que ser siempre placentero.
Con el paso de los años he ido valorando cada vez más la misión y responsabilidad de ser un padre de familia y de aprender que la paternidad trae consigo la inaplazable responsabilidad de educar a nuestros hijos y esto no necesariamente tiene que ser siempre placentero.
Es más, muchas veces es tremendamente difícil poder educar a un hijo con severidad y disciplina cuando es necesario, preocupándonos más por lo que será su futuro y no solamente por lo que nuestros sentimientos nos indiquen en ese momento, haciendo que nos dobleguemos ante faltas que más adelante pueden arruinar la vida de aquellos a quienes más amamos simple y sencillamente porque nosotros no supimos corregirlos en el momento en el que éstas se presentaron.
Hay dos palabras cuyo significado es muy importante comprender cuando se es padre. Educar, la cual define el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia como desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño o del joven por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos, etcétera. La otra es disciplinar, que es instruir, enseñar a alguien su profesión, dándole lecciones.
Independientemente de que el mismo diccionario nos defina qué es lo que deba entenderse por educar y disciplinar, la interrelación que debe existir entre ambas en innegable. La educación lleva consigo la disciplina y esta última es en sí misma una forma de educar. Por lo tanto podemos afirmar válidamente que la educación de los hijos debe ser una educación con disciplina. A los hijos además de acercarles los medios y darles el buen ejemplo para que puedan salir adelante en la vida, tenemos que hacerles ver que sus acciones serán premiadas y sancionadas no sólo por sus padres, sino principalmente por la vida.
Recuerdo que hace muchos años un maestro de la Escuela Libre de Derecho decía a sus alumnos, cuando éstos presentaban un pésimo examen: "prefiero reprobarlo yo a que lo repruebe la vida" y creo que no hay nada más cierto que esa frase. Cuántas madres y padres hay que sobreprotegen a sus hijos, que se hacen cómplices de sus fechorías excusándolos en la inmadurez o simplemente dejándose llevar y hasta manipular por el temor a perder el cariño de sus hijos y, sin embargo, no comprenden que no puede haber algo más criminal que contribuir a que sus propios hijos fracasen ante los retos que les pondrá sin duda la propia existencia.
La próxima vez que usted ponga una norma en su casa o advierta a sus hijos de una sanción por hacer u omitir algo que los educa y disciplina, cúmplalo. Recuerde usted estas líneas y no se arriesgue a que algún día esos hijos a quienes tanto ama, lo vayan a señalar a usted como el corresponsable de la ruina de sus propias vidas.




LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS: (El Mundo – 22/11/2008)

LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS: CÓMO HACER ATRACTIVA LA EXIGENCIA
Educar es entusiasmar con los valores. Estamos en un unos momentos en el que mucha gente joven está perdida, sin saber a dónde ir. Estar perdido es no tener rumbo. Ir tirando a ver qué pasa. Veo mucha gente joven así. Y no hablo solo de nuestro país. McLuhan habló del planeta global.
¿Por dónde debemos empezar? Los edificios que no se caen son los que tienen unas bases firmes, unas raíces sólidas. Lo primero de todo es la formación. Educar convertir a alguien en persona. Educar es conseguir seres humanos con dignidad y criterio. Educar es seducir con modelos sanos, atractivos, coherentes y llenos de humanidad. Por ahí debemos comenzar. Ejemplos de vidas llenas de sentido, atractivas, que nos empujen, que arrastren nuestra conducta en esa dirección. Educar es atraer por encantamiento y ejemplaridad.
El gran educador moderno está enfermo y con mal pronóstico: la televisión. Y no hay ningún indicador que nos diga que va a cambiar en positivo. Pero la primera fuente educativa, donde todo debe arrancar, es la familia. La familia debe ser una escuela en donde uno se sabe querido por lo es y no por lo que tiene. Una familia sana es la primera escuela donde uno recibe lecciones que no se olvidan.
De niño, dos de mis asignaturas eran la Geografía y la Historia Sagrada. Y aunque yo nunca estudié en un colegio religioso (ese fue el criterio de mi padre, uno de los primeros psiquiatras españoles, que estudió en Alemania), esta segunda me parecía impresionante: La historia de España me parecía apasionante e iba pasando y repasando el libro de Romeo de Armas: los Reyes Católicos, Felipe II, Carlos V, los viajes de Colón y el descubrimiento de América…
En la segunda materia que comento, veía las escenas pintadas sobre Abraham a pique de matar a su hijo Isaac con el cuchillo levantado o las disputas de Esaú y Jacob o la vida de José el undécimo hijo de Jacob vendido por sus hermanos y que terminó en casa de Putifar. Yo leía y mi imaginación volaba, porque en aquella época muchos libros de texto eran ilustrados y esto hacía más fácil comprender lo que allí se explicaba.
En casa de mis padres la educación se prolongaba a lo largo del día y del fin de semana. Desde las normas básicas de urbanidad, pasando por los almuerzos, en donde todos hablaban; yo era el sexto de siete hermanos y además un poco tímido, con lo cual muchas veces me limitaba a escuchar y preguntar lo que no entendía. La figura de mi padre era la de un Catedrático de Universidad de aquel tiempo (él muere en l974), de una disciplina entonces relativamente incipiente, la Psiquiatría, formado en Alemania. Mi madre no era universitaria, pero era un pozo de sabiduría y sentido común y generosidad para dar y tomar. Los dos marcaron mi personalidad a fuego.
Ahora, al repasar hechos y escenas, me lleno de agradecimiento a cada uno de ellos. Y veo como una panorámica de lo que debe de ser la educación en la familia. Esa es la primera universidad.
Si la familia funciona, la persona va a tener un edificio construido con materiales resistentes. Allí está un mundo mágico y decisivo. Porque la primera piedra de la educación es la formación. Adquirir una buena formación en general es distinguir lo que es bueno de lo que es malo; tener criterio; saber a qué atenerse; discernimiento: aprender a penetrar en la realidad distinguiendo lo que es mejor y más positivo, para escoger ese camino.
La formación hospeda en su interior distintos ingredientes. Hay dos notas principales que no quiero dejarme en el tintero y plasmarlas cuanto antes: la formación humana y espiritual. La primera, aspira a que lleguemos a tener un comportamiento propio de seres humanos y dentro de ese plano se abren 3 grandes notas: inteligencia, afectividad y voluntad. Para mi ellas constituyen el subsuelo en donde debe arrancar la condición humana. Cada una de ellas tiene un largo recorrido.
La inteligencia es capacidad de síntesis, saber distinguir lo accesorio de lo fundamental. Desde pequeños hay que enseñar a pensar, a tener espíritu crítico y a formular argumentos que defienden nuestras ideas y creencias. Hay muchos tipos de inteligencias y en general unas y otras se llevan a la gresca, parece como si poseer unas, excluyera a otras: inteligencia teórica, práctica, social, analítica, sintética, discursiva, creativa, inteligencia emocional (tan de moda hoy, desde el libro de Goleman), fenicia, instrumental, matemática…e inteligencia para la vida (saber gestionar del mejor modo posible la propia trayectoria). Todas tiene un lugar común: captar la realidad desde diversos ángulos.
La inteligencia se nutre de la lectura. Fomentar este hábito es esencial. Hoy a todos nos cuesta más, pues estamos en la era de la imagen. Pero hay que intentarlo. Un par de libros siempre cerca, alternándolos. Y la curiosidad como ingrediente esencial. La lectura es a la inteligencia, lo que el ejercicio físico es al cuerpo.
Quiero hacer una mención especial al tema de la lectura por la importancia que ésta tiene. La visión panorámica nos da una imagen bastante precisa: el final de la Edad Media corresponde a una poesía representada por los cantares de gesta, las cántigas de escarnio, el mester de clerecía y el mester de juglaría. El siglo XVI representa a la poesía del siglo de oro con Lope de Vega a la cabeza. El siglo XVII es el teatro, que fue en su tiempo lo que sería hoy la televisión, pero en bueno. El siglo XVIII es el ensayo…en España la Ilustración fue mucho menor comparada con Francia o Alemania. El siglo XIX es la novela, que fue la gran educadora sentimental en nuestro país, con Pérez Galdós y Clarín como máximos exponentes. El XX es el siglo del periodismo: los grandes escritores plasmaron sus ideas en los periódicos, como fue el caso de Ortega y Julíán Marías. El XXI por el momento es el de internet y las comunicaciones.
Solo un breve apunte en relación con la prensa. Mi suegro, Fabián Estapé (tiene más de 80 años) lee doce periódicos cada día, emplea casi toda la mañana en ello. Está claro que es importante estar bien informado, pero pienso que perdemos demasiado tiempo en ellos y en personas de media edad, hay que hacer una administración inteligente de la lectura de prensa.
La afectividad: ese pura sangre que recorre nuestra persona y que se manifiesta a través de los sentimientos, las emociones y las pasiones. Tener una buena formación sentimental significa capacidad para dar y recibir amor. Uno de los puntos básicos en este sentido es aprender a expresar sentimientos: desde dar las gracias, mostrar afecto, saber que la palabra bien empleada en puente de comunicación: te quiero, te necesito, perdóname, ayúdame en este asunto, necesito hablar contigo, tengo un problema y necesito que me orientes…Todo eso cultiva, hace prosperar el mundo sentimental y le da fuerza y consistencia.
En tercer lugar, la formación humana tiene un elemento decisivo, clave, de una importancia a la larga de gran alcance: la voluntad. ¿Qué es la voluntad, en qué consiste, qué características tiene?: Voluntad es capacidad para ponernos metas, objetivo y luchar a fondo por irlos consiguiendo. Con la voluntad no se nace, sino que uno la cultiva, la trata, se empeña por irla metiendo en la conducta personal, contra viento y marea. Voluntad es determinación, firmeza, esfuerzo deportivo por conquistar cimas de cierto nivel que nos ayuden a crecer como personas. Y ésta, a su vez, se compone de una serie de ingredientes que son muy importantes: orden, constancia y motivación. Yo le llamo a todos esos elementos la inteligencia instrumental, porque son las alas que le hacen volar alto a la inteligencia…las joyas de la corona. No hago lo que me apetece ni lo que me pide el cuerpo, sino lo que es mejor para mi, aquello que me hace crecer como persona.
La formación espiritual significa la rebeldía del que no quiere vivir como un animal, sino como una persona. Hoy lo políticamente correcto es no creer en casi nada, todo light, ligero, liviano, sin compromiso con nada…es el postmodernismo: una vida sin valores ni convicciones, suspendida en el relativismo y la permisividad. La espiritualidad bien entendida nos hace crecer en humanidad y nos lleva a ver al otro en toda su dignidad. Expulsar a Dios de la vida personal, porque está de moda y se lleva y eso es lo que hay…no hace más libre ni a las personas ni a la sociedad.
Eso lleva a lo que estamos viendo hoy tan a menudo, un vacío espiritual enorme. Solo un profundo sentido espiritual de la vida, moderno, abierto, liberal…pero firme como la tierra sólida que pisamos, es capaz de cambiar en profundidad el corazón del ser humano. Esta sociedad está muy perdida en lo básico. Hablaría de esto con detalle, pero ahora dejo solo apuntada esta idea, para el que quiera recogerla. Pero lo resumiría de este modo: la persona espiritual lo juzga todo.
Sarkozy ha hablado en la visita de Benedicto XVI a Francia de laicismo positivo: ser persona del siglo, pero sin renunciar a los valores imperecederos del hecho religioso y no dejarlo solo para el ámbito privado, pues es un bien público y social.
¡Qué tarea tan bonita y apasionante tenemos por delante los padres y los educadores! Vale la pena ponerse manos a la obra y llevarla a cabo. Lamentarse vale de poco, evita la úlcera de estómago y poco más. Somos los padres los primeros educadores. Los padres no podemos pretender que nuestros hijos vivan cosas que nosotros no practicamos. En la vida coherente de los padres está la base de una buena educación de los hijos: que entre lo que decimos y lo que hacemos exista una buena relación.
No quiero alargarme para no hacer muy extenso este artículo. Cuanto más vale una persona, más valora a los demás. Y al revés. No hay secretos para el éxito: éste se alcanza con preparación progresiva, trabajando con minuciosidad sobre uno mismo, sacando lecciones de los fracasos y procurando tener un modelo de identidad, esos ejemplos de vida lejanos o cercanos, que tiran, arrastran, empujan en esa dirección, para conseguir hacer una pequeña obra de arte de la vida personal. Querer es poder. Voy contra corriente. No me importa, se que son tiempos difíciles, en donde hay mucha gente desorientada, pero que puede ser reconducida…
En el libro de Chesterton “El Hombre Eterno”, el autor habla de ir contra corriente y dice lo siguiente: cuando uno va navegando por un río de cierto caudal a favor de la corriente, ésta le lleva a uno rápida y fluidamente, pero se corre el riesgo de ir tan bien, que uno se duerme y se puede caer al agua y ahogarse. Por el contrario, cuando uno está acostumbrado a ir contra corriente, hay que luchar y esforzarse y resistir y cada pequeña victoria es un triunfo…el agua salpica a la cara y es difícil seguir, pero la pasión por avanzar es mayor, así se fortalece la postura. Para ir contra corriente hoy hay que estar bien formado y tener ideas claras y criterios coherentes y sólidos, para no dejarse llevar por una sociedad herida por el consumismo y manipulada por los medios de comunicación.
El ser humano es el capital más preciado. La crisis económica es nada comparada con la crisis moral. No saber para donde tirar, ni a qué atenerse, es mucho más grave. Una educación permisiva y relativista, se sitúa lejos de la voluntad y la buena orientación y destruye el vigor del alma y del cuerpo.
Enrique Rojas es Catedrático de Psiquiatría y autor de un manual sobre la personalidad titulado "Quién eres".

SÁBADO 8 DE DICIEMBRE DE 2007
REFLEXIONES SOBRE LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS
Este artículo sobre educación y enseñanza fue escrito en 2003, pero mantiene fresco su espíritu y vigencia a pesar de los años transcurridos dado que todas las posibles soluciones que se han puesto en marcha desde hace muchos años han sido, en mi opinión, erróneas, como ha puesto de manifiesto el último informe PISA, que sitúa a España y su sistema educativo en los márgenes del tercer mundo...
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Asuntos tan candentes como la LOGSE, la LOCE, la enseñanza de la Religión y otros aspectos polémicos de la enseñanza no van a ser tratados en este artículo que, en cambio, se va a referir a la educación en sentido amplio. Más a los conocimientos no aprendidos en la escuela que a los que son producto del estudio. Más a la doxa (1) que al episteme. Ya que el problema no es tanto de contenidos como de "ambiente", de valores y de crisis del esfuerzo, del respeto y de la autoridad.
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Hannah Arendt, intelectual alemana, decía que "la educación es lo que está entre el pasado y el futuro". En un mundo que gira cada vez más rápido y con grandes retos que se nos plantean a todos los niveles, existe uno que es, quizás, y lo lleva siendo desde que el hombre es hombre, la más importante labor del hombre, la educación de sus hijos. Ante los hijos y la obligatoriedad de su educación (2) se nos plantean varios problemas y se nos ocurren determinadas cuestiones a las que la sociedad debe intentar dar respuestas coherentes. ¿Estamos los padres preparados para educar a nuestros hijos?, ¿hacen falta conocimientos especializados para educar? ¿y habilidades específicas?, una persona que ha recibido una deficiente educación ¿puede educar a sus hijos?
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Para cualquier trabajo que tengamos que desempeñar en la vida cotidiana siempre se nos va a pedir una titulación que certifique nuestra capacidad, muchas veces más que relativa, para desempeñar un cometido. Podrá ser el certificado de escolaridad o un doctorado, pero los conocimientos hay que demostrarlos. Para ser catedrático de Antropología social, por poner un ejemplo, debemos presentar un perfil determinado que nos podrá permitir desempeñar la docencia en este interesante campo, pero con una responsabilidad profesional ante la sociedad limitada.

En cambio, una persona que sea padre de un niño, sin que nadie le exija nada debe educar a su hijo, llevando en esta función una grave responsabilidad social. Pero ¿alguien se ha preocupado de su idoneidad como educador? y además ¿alguien le va a pedir responsabilidades por una tarea educativa mal hecha?. Evidentemente hacer responsable de la educación al Estado sería llevar la actual sociedad a las tenebrosas catacumbas educativas de Pol Pot (3). No es eso. Pero quizás se podría arbitrar alguna fórmula que permitiera a los poderes públicos intervenir en los casos más peligrosos y no solamente entre los miembros de grupos marginales.
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¿Cuántos padres creen que la responsabilidad de la educación de sus hijos corresponde a los profesores? Creo que la mayoría. ¿Cuántos padres jamás se preocupan sobre los éxitos y fracasos o simplemente los deberes de sus hijos? Lamentablemente creo que también es la mayoría. En conversaciones con personas educadas según el sistema educativo británico, que ahora dicen que está en crisis, surgía el comentario sobre la gran diferencia con el sistema español, copia del francés (4), sobre todo en dos aspectos: los deberes, tremendamente exigentes y la incidencia, en todas las asignaturas, del razonamiento personal sobre los puros ejercicios de memoria. En definitiva es el esfuerzo, sobre todo el intelectual, el que marca la diferencia y además el esfuerzo en casa, donde los padres juegan un papel crucial activamente impulsado por los profesores. Esfuerzo que con el actual sistema es sencillamente evitado.
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Otro de los aspectos claves de la educación es a lo que al comienzo llamaba "ambiente". No es otra cosa que los valores y modelos sociales que se presentan a los niños principalmente mediante los medios de comunicación.
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El tiempo libre de los niños es también fundamental. Es primordial cultivar los hábitos de lectura y deporte, de excursiones por el campo, de visitas culturales y en general de todo aquello que les entretenga y les guste formando a la vez su cuerpo, su sensibilidad artística y su cultura. Frente a esto lo habitual son las horas solitarias y de fomento de la violencia ante la "Play station" o la "Game boy".
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A cuántos padres apesadumbrados hemos oído decir "Mi hijo me ha salido drogadicto", como si eso fuera un estigma que se adjudica tras un macabro sorteo. No, es duro decirlo, pero nadie "sale" drogadicto, ni delincuente, ni nada. A ese padre habría que preguntarle ¿Sabes a donde iba tu hijo y con quién? ¿Sabes en qué gastaba su dinero? ¿Controlabas las horas a las que llegaba a casa y en qué estado lo hacía?. En el 90 % de los casos todas las respuestas serían negativas. Por eso los hijos se hacen drogadictos, y es un ejemplo, en gran medida por culpa de los padres, por su dejación e irresponsabilidad.
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Las modas son también un componente importante de la educación de los niños, sobre todo a partir de la "edad del pavo". A fuerza de ser originales nos convertimos en masa y como borregos no nos planteamos lo que hacen los demás simplemente nos unimos a la mayoría silenciosa y alienada. Fue original el primer chico que se puso un pendiente, ahora la masa no deja de ser un rebaño con todos sus ejemplares marcados. Hace poco un conocido un tanto radical despotricaba contra las corbatas (por su significado capitalista, supongo), le contesté que hoy en día lo auténticamente revolucionario es ir con corbata y sombrero.

Las modas influyen en todo y los aspectos educativos y la actitud hacia la propia formación no se zafan de lo que "exige" la pose del momento. La publicidad nos da señales engañosas y preocupantes. Nos dicen algo así como: "Sé libre y compra pantalones Fulano" o "Guerra a la vulgaridad, bebe Tal" dando la impresión que ese mensaje dirigido a millones de personas es exclusivo para nosotros (5) y conservamos nuestra originalidad sólo los primeros tres minutos. El adolescente que es víctima de estos experimentos de masas que son los anuncios publicitarios tiene así una falsa imagen de libertad o lo que el cree que es libertad, pero adquiere unos hábitos "de importación" que pueden no ser buenos. El consumo de alcohol o de tabaco por menores es sólo el caso más conocido.
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Como casi siempre la clave está ya escrita, la solución la escribieron otros hace años. En este caso, una vez más, es el gran Ortega quien desmenuza el problema y da soluciones. Ya en 1930, en su "Misión de la Universidad", y dedicado a los niños españoles, les dice:
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El porvenir de España depende enteramente de vosotros los niños españoles. Y dentro de vosotros, niños españoles, depende enteramente de que aprendáis o no aprendáis una cosa. ¿Sabéis cuál? Esto que habéis de aprender y cultivar en vosotros exquisitamente, niños españoles, es lo que en mayor grado faltaba a nuestros padres y nuestros abuelos. ¿Sabéis qué es? ¡Ah!, una cosa que parece muy sencilla. Ésta: distinguir entre personas. No ignoráis que con el ejercicio y el adiestramiento consigue el hombre perfeccionar incalculablemente su capacidad de distinguir. (...)

"A este fin yo os recomendaría, entre otras, cuatro reglas o criterios:

1ª- No hagáis nunca caso de lo que la gente opina. La gente es toda esa muchedumbre que os rodea –en vuestra casa, en la escuela, en la Universidad, en la tertulia de amigos, en el Parlamento, en el círculo, en los periódicos. Fijaos y advertiréis que esa gente no sabe nunca por qué dice lo que dice, no prueba sus opiniones, juzga por pasión, no por razón.

2ª- Consecuencia de la anterior. No os dejéis jamás contagiar por la opinión ajena. Procurar convenceros, huir de contagios. El alma que piensa, siente y quiere por contagio es un alma vil, sin vigor propio.

3ª- Decir de un hombre que tiene verdadero valer moral o intelectual es una misma cosa con decir que en su modo de ser o de pensar se ha elevado sobre el sentir y el pensar vulgares. Por esto es más difícil de comprender y, además, lo que dice y hace choca con lo habitual. De antemano, pues, sabemos que lo más valioso tendrá que parecernos, al primer momento extraño, difícil, insólito y hasta enojoso.

4ª- En toda lucha de ideas o de sentimientos, cuando veáis que de una parte combaten muchos y de otra pocos, sospechad que la razón está en estos últimos. Noblemente prestad vuestro auxilio a los que son menos contra los que son más." (6)
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En los tiempos en los que los del fracaso escolar son los más, quizás convenga seguir la senda que marca Ortega.

Este humilde padre de familia preocupado, sin querer competir con Don José Ortega y Gasset, al que considera su maestro en tantas cosas, propone también soluciones "no definitivas", o al menos puntos de reflexión sobre lo que conviene a nuestros hijos a la hora de afrontar su futuro. Futuro que se labran desde que comienzan la educación primaria. Así pues sin ánimo de ser dogmático ni querer presentar soluciones mágicas y pensando en una familia normal y corriente sin ningún rasgo de marginalidad, creo conveniente y así procuro (7) hacer lo siguiente:

- Los padres deben compartir con sus hijos una considerable parte del día y en concreto aquella en la que los niños se dedican a sus trabajos escolares. A veces los dos miembros del matrimonio trabajan y es difícil compaginar las tareas educativas con las laborales. Hay que preguntarse ¿realmente estoy cumpliendo con mis obligaciones? ¿es posible vivir con menos dinero y compartir con mis hijos sus mejores y más importantes años? Muchas veces no habrá otro remedio, otras sí. Conozco a demasiados niños que viven con "la chica" o con "la cuidadora" (8) y es ella la que se encarga de lo que no es su obligación. ¿Conocen estos padres sus más graves obligaciones?

- La televisión como piedra angular de la educación de los hijos es un "seguro de fracaso". Cada vez más niños ven la televisión sin ningún tipo de control por parte de sus padres recibiendo unas terribles dosis de violencia y sensualidad para la que no están preparados (9). Los modelos sociales de éxito que presentan el cine y las series, por no hablar de los programas más vistos en España, tipo "Hotel Glamour", "Gran Hermano" y otros, son un auténtico monumento a la inmoralidad. A un adulto, incomprensiblemente, le pueden divertir las peripecias unas personas desconocidas cuyo coeficiente intelectual es bajo y el moral nulo. Estos son los nuevos ídolos. Modelos sociales. Gente que cobra sin hacer nada y "sale en la tele". ¿Qué piensan nuestros hijos de todo esto? si ven que sus padres ven este tipo de programas y otros similares, ¿no creerán que eso el lo normal?

- Evitar los vídeo juegos que generan sentimientos egoístas y violentos, aíslan socialmente al niño de la familia y de sus amigos. Fomentar en cambio los juegos de mesa, cartas, ajedrez, o el parchís, que habitúan al niño a compartir y a sentir a su familia como sus principales "amigos". Muchos padres están encantados con la "Play Station" ya que mantienen a sus hijos "entretenidos" y, gracias a esa "maquinita", obtienen un tiempo libre "extra" para hacer lo que quieran sin la "molestia" de los niños. Conozco unos cuantos de esos y no les auguro un futuro prometedor ni a ellos ni por supuesto a sus hijos.

- Las amistades de nuestros hijos pueden ser los grandes apoyos o las cargas de profundidad de nuestra tarea, por eso saber quienes son y qué hacen es primordial. A determinadas edades la influencia de los amigos es muy grande, por eso se debe prestar especial atención a este aspecto. No consiste en ser los perros sabuesos de nuestros hijos. Consiste en ser amigos de los amigos de nuestros hijos, conocerles a ellos y a sus familias y poder detectar posibles motivos de preocupación antes de que sea demasiado tarde. Así de sencillo.
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- La lectura, el deporte, las visitas culturales a museos o exposiciones, teatro para niños, viajes en familia son los sustitutos de un tiempo libre a la moda que deforma a los niños y a sus conciencias.
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- Hablar con el otro miembro del matrimonio de forma que la educación no sea cuestión de uno sólo. Es un trabajo en equipo.
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- Jamás pensar que los niños son demasiado pequeños para exigirles responsabilidades, lo que hay que saber son las responsabilidades que se pueden exigir a cada edad y a cada personalidad.
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- Pero quizás la regla de oro es el ser consciente de la importante misión que Dios y la sociedad nos encomienda y que la escuela es sólo un magnífico complemento a lo que van a aprender en casa en unos años cruciales. Para aprender en qué año empezó la "Guerra del 14" siempre habrá tiempo, en cambio, para que los niños aprendan a comportarse como personas civilizadas, respetuosas y socialmente útiles hay muy poco tiempo. Pasados los 15 todo estará perdido. Será demasiado tarde. Y sólo nosotros, los padres, seremos los responsables. Jamás nuestro hijo..

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Notas
1) En griego, gloria, se emplea para nombrar el conocimiento no adquirido mediante el estudio.
2) La obligatoriedad de la educación de los hijos no sólo es reflejo de algo natural y consustancial a la naturaleza humana e incluso a la animal. Es algo inherente a la patria potestad y está reflejada en el artículo 154-1º del venerable código civil español. Los manifiestos incumplimientos de este código han sido muy pocas veces motivo de sanción.
3) Durante la Dictadura comunista de los Jhmeres rojos en Camboya, los hijos eran retirados de la custodia de sus padres para que fuera el Estado el que se encargara de su "educación". Pol Pot cuenta con el triste récord de haber superado porcentualmente a las más sanguinarias dictaduras en cuanto a porcentaje de población asesinada, más de un 25%. Para más información "El libro negro del comunismo" de Stéphane Courtois et al. Espasa, Planeta. 1998.
4) Sobre el sistema educativo aplicado en España con la LOGSE, copiado del sistema francés y a su vez copiado de los sistemas soviéticos aplicados en la Europa comunista, es recomendable leer "El conocimiento inútil" de Jean Francois Revel Colección Austral- Espasa, 1993. Libro muy recomendable no sólo por este asunto que es circunstancial dentro de la obra.
5) Este tipo de anuncios, está especialmente dedicado a la gente joven
6) Misión de la Universidad, José Ortega y Gasset, Revista de Occidente 1930
7) Estoy escribiendo en primera persona como si todo fuera mi opinión personal. No, nada más lejos de la realidad. Las ideas que se reflejan aquí son fruto de muchas experiencias agradables y desagradables, propias o ajenas, conversaciones con amigos, profesores, familiares y, sobre todo, de las muchas horas de conversación sobre la educación de los hijos con la persona que más y mejor capacidad tiene para esta difícil misión y que más ha aportado, con diferencia, a la educación de mis hijos: mi mujer.

8) Esto se da sobre todo en las grandes ciudades pero no sólo, además dada la actual estructura social de España estas chicas o cuidadoras son muchachas sudamericanas cuyo interés o capacitación para la educación de unos niños tampoco tiene porqué ser alta.
9) Los grandes éxitos del cine norteamericano de los últimos años están cargados de violencia gratuita. Por sucios intereses comerciales se rebaja cada vez más la limitación de edad para ciertas películas. Hulk, es sólo el último caso. Cine para niños con ración extra de violencia gratuita. A los mayores tampoco creo que nos haga mucho bien.

PUBLICADO POR ABU SAIF AL-ANDALUSI EN 20:11

La comunicación con los hijos preadolescentes

Escrito por educaKids.com

¿Nos comunicamos suficientemente con nuestro hijo preadolescente?, ¿cuánto tiempo dedicas al día o a la semana para hablar o escuchar a tu hijo?. Aunque los adultos normalmente no nos comunicamos mucho, no ocurre lo mismo con los preadolescentes. Necesitan comunicarse con sus amigos, otros adultos y sobre todo con sus padres. Si pasan todo el día en el colegio, luego tienen que hacer los deberes y sus actividades y también ven la tele, ¿cuánto tiempo les queda para hablar con nosotros?
Los preadolescentes necesitan aprender a comunicarse y para ello tienen que practicar. Nosotros debemos proponerles temas, hacerles preguntas y sobre todo escucharles. Nuestro ejemplo es importante y necesitan aprender un modelo de comunicación.
Es necesario recordar que debemos evitar ponerles en un aprieto. A menudo les hacemos preguntas sin darnos cuenta que les da vergüenza y se callan. Es frecuente escuchar cómo nos dirigimos a ellos diciéndoles cosas como "¡Cómo has crecido!, ¡casi no te conozco!". Un adolescente podría contestar, ¡claro, no voy a encoger!, en un tono que nos sonaría insolente, pero que sería fruto de la incomodidad provocada por nuestro saludo.
Al igual que no nos dirigimos a otros adultos con expresiones molestas, lo mismo debemos de tratar de hacer con nuestros preadolescentes. Los adultos estamos habituados a hacernos preguntas del tipo, ¿qué tal la familia? o ¿qué tal estás?. Y ya tenemos práctica más que suficiente para responder o para esquivar una pregunta que no nos guste. No ocurre lo mismo con los niños cuando las preguntas personales les hacen sentirse incómodos.
Cuando te dirijas a un preadolescente, y esto sería válido para el caso de los amigos de tu hijo, es mejor hacer preguntas que no tengan nada que ver con él. Por ejemplo, ¿dónde vas a ir de vacaciones?, ¿qué cosas del museo vais a ver?. Se trataría de evitar temas personales de entrada, ya que éstos irán apareciendo a medida que se gana confianza y fluye la comunicación.
¿Hacemos una escucha activa?
Veamos las dos caras de la moneda de la comunicación padres e hijos. Los niños normalmente se quejan de que sus amigos son los únicos que les escuchan y que sin embargo sus padres solamente oyen lo que les dicen. Por su parte, los padres se quejan porque sus hijos no les escuchan suficientemente.
Aprender y saber escuchar es la clave de una buena conversación y una efectiva comunicación. Pero para enseñar a los niños a escuchar, debemos primero enseñarles a escuchar con nuestro ejemplo.

¿Cómo podemos mejorar nuestra escucha?
• Con nuestra actitud predispuesta y favorable a escuchar las cosas que nos gustan y las que no nos gustan.
• Evitando las críticas o los juicios a lo que nos está diciendo.
• Prestando atención no sólo a lo que nos dice de palabra, sino también observando sus gestos, expresiones, mirada y todo lo que implica la comunicación no verbal.
Si hacemos diferencias y nos mostramos molestos por las cosas que no nos gustan, estamos lanzando el mensaje de "a mí sólo cuéntame lo que quiero oír" y estaremos aislando la comunicación. Algo parecido ocurre cuando decimos "no me discutas", o "lo que dices no tiene ningún sentido". Si no miras cuando te hablan estarás queriendo decir que lo que te están contando no te importa.
La escucha activa es importante cuando los sentimientos afloran. Si tu hijo te dice que no le comprendes y tú le dices que "no sea tonto, que claro que le entiendes" estás acabando con la comunicación. Si por el contrario, le dices que "por lo que te está diciendo piensas que se siente enfadado y triste y que si él quiere puedes ayudarle", les demostrarás cariño y comprensión.
Haz preguntas abiertas que permitan un margen de respuesta evitando las que rápidamente se contestan con un sí o un no. Por ejemplo, si le preguntas por su profesor no le preguntes, ¿te gusta tu profesor?, porque responderá escuetamente sí o no. Pregúntale qué le gusta de su profesor.
También puedes repetirle lo que te ha dicho. De esta forma, se asegura que has comprendido exactamente lo que quieres decirle.
Practicando una escucha activa, le estás demostrando que sus cosas te importan y que puede contar contigo. Además estás preparando el terreno para cuando toque hablar de otros temas más delicados e importantes.
Analiza cómo te comunicas
Es importante que analices tu estilo de comunicación. ¿Comunicas tus sentimientos o eres de las personas que se los callan?, ¿aceptas las opiniones de todo el mundo o sólo las de quienes opinan como tú?, ¿sueles aceptar las diferencias individuales?, ¿cómo es tu tono de voz cuando hablas y te comunicas con tu pareja, hijos, familiares, compañeros o amigos?.
La comunicación no sólo tiene que ver con las palabras sino con las personas que hay implicada en ella.
¿Cuándo me comunico?
La vida diaria de todos los miembros de la casa deja poco tiempo para la comunicación. Es conveniente aprovechar cualquier momento y propiciar otros momentos (cuando preparas la cena, vas al colegio, haces deporte, al hacer las tareas domésticas, al ir a comprar...). Una costumbre muy extendida es la de sentarnos a la mesa con la tele puesta, una buena idea puede ser quitarla y charlar sobre las cosas de cada uno. Aunque no siempre da un resultado inmediato, estás asentando las bases sobre las que construir la comunicación en familia.
No debes forzar las situaciones. Habrá veces en las que verás cómo tus hijos buscan a sus amigos para hablar. No le fuerces a que venga siempre a ti, pero si permaneces a su lado y asientas una base sólida sabrá que estás ahí y cuando esté preparado se acercará a ti para hablar con confianza.
No estamos ante una tarea fácil, más aún cuando el niño cuestiona absolutamente todo. Como padres debemos mantener nuestro papel de adulto, ser firmes, mostrarles nuestro cariño y respeto por esta edad que están pasando. Tu ejemplo es un valor importante para crear su estilo de comunicación, gestionar su estrés, cuidar su imagen y aspecto exterior. Escuchémosles, estemos junto a ellos y acompañémosles desde nuestra madurez y sensatez. Invierte tiempo en tu hijo durante esta importante etapa de su desarrollo, te necesita.
Este divertido vídeo anuncio de Sprite que hemos visto, me lleva a un artículo de Miguel Ángel Santos, un profesor de profesores, que leí hace tiempo y que incluía esta frase sacada de contexto (no digo que este autor la defienda):
“Si dos hermanos salen diferentes, como los pimientos de padrón, que unos pican y otros no, se tiende a decir que a pesar de la misma educación recibida la responsabilidad es de cada uno y de su genética.”
¿La “misma” educación? ¿Quiere decir la cosa que dos niños, por el mero hecho de vivir y crecer juntos, están teniendo iguales experiencias de aprendizaje y similares consecuencias? ¿Dan los mismos pasos, comen al mismo ritmo, tienen un sueño REM calcadito, su voz tiene el mismo timbre, vocalizan igual, y reciben los mismo cariñitos y atenciones? ¿Cuándo la madre o el padre están mirando, sonriendo, hablando o regañando a uno de los niños, hacen lo mismo y al mismo tiempo con el otro? No deja de sorprenderme la grandilocuencia con la que afirmamos la complejidad del ser humano y, a la par, lo burdos que llegan a ser algunos conceptos y metodologías educativas basados en prejuicios tan generalizados como no cuestionados sobre la naturaleza del aprendizaje.
A los servicios públicos de empleo acuden frecuentemente padres que acompañan a sus hijos para que se inscriban como demandantes de empleo. Cuando se perciben las extraordinarias semejanzas entre unos y otros no queda más que convertirse en un acérrimo seguidor del determinismo social y familiar: uno es lo que sus padres hicieron de uno. La educación sufre de líos corporativistas y debates siempre abiertos relacionados con su calidad y su eficacia, pero quizás el tema más recurrente y clásico sea el de determinar la responsabilidad del resultado: qué parte de la influencia corresponde a las familias, y cuál a la escuela. Padres y profesores enfrentados en una guerra de atribuciones: no fuimos nosotros/as los que generamos esos comportamientos y hábitos en su hijo (negativos, obviamente); enviamos a una persona a la escuela y nos han devuelto otra diferente (peor, se entiende).
Aunque se aceptara la pertinencia de este debate, cosa que dudo, creo que todo iría mucho mejor si cada parte implicada en este contexto, progenitores, formadores y el sistema en general, simplemente actuara como si tuviera TODA la responsabilidad. Pienso que la clave no es cuestión de actores, sino de métodos y de conceptos. A pesar de la eficacia comprobada de la psicología científica, también aplicada a la educación en cualquier contexto, ya sea en el hogar o en los centros educativos, y que incluso sale airosa de los escepticismos habituales “si no lo veo no lo creo” (ahí está SuperNanny en vídeo para comprobarlo), las metodologías educativas y la formación y actitud de muchos educadores, incluidos los padres y madres, siguen siendo más voluntariosas que técnicas, meras buenas intenciones. A los ingenieros y arquitectos se les exige que construyan y diseñen puentes que no se derrumben; a los maestros, que hagan lo que puedan, y a los padres que quieran muchos a sus criaturas, aunque ya sabemos que el amor es muy difícil de concretar. Además, si las cosas salen mal, ¿es que faltó cariño?
Me decía el otro día una amiga que durante una charla divulgativa y participativa que una psicóloga impartía en la guardería conjuntamente a familias y a profes del centro, todas chicas, éstas se ruborizaban y sonreían nerviosamente al comprobar que no seguían muchos de los consejos más básicos ofrecidos por la ponente, y que cometían algunos de los errores graves señalados. Lejos de recibir la reprobación de los padres asistentes, éstos ofrecieron comprensión y empatía ante este tipo de limitaciones aduciendo razones como la precariedad que sufren estas docentes y las dificultades que implica educar a una persona, “todo un misterio”. Lo importante es que ponen voluntad. En fin, la paradoja es demoledora: si la educación es una tarea tan compleja porque el ser humano es muy complejo, ¿por qué no ponemos a los mejores y más cualificados profesionales a cargo de esta responsabilidad, les damos el reconocimiento y valoración que se merecen, y pedimos resultados en contrapartida? ¿Exigimos a las personas que van a ser padres que se formen como tales de manera sistemática y continuada antes de permitirles que de su palo creen su astilla? Esta “cultura de la educación” que tenemos impide que nos centremos en mejorar la propia aplicación efectiva de la educación y no nos quede más remedio que pasar la papeleta y la responsabilidad a los propios individuos cuando éstos fallan.
Un niño de 7 años que no aprende al mismo ritmo y que lee con dificultad es tonto. Si no mejora es porque no quiere o porque no le motiva. No tiene nada que ver con que en su casa no haya un p… libro, o que en su corta vida nunca haya visto leer a sus padres ni éstos hayan promovido estos hábitos, los de si tú lees, ellos leen, como muestra el vídeo de la campaña de fomento de la lectura del Ministerio de Cultura que publico al final, y que tiene mucho que ver con el aprendizaje vicario o por modelos (modelamiento).
Por supuesto, tampoco las instituciones educativas tienen responsabilidad por no haber sabido ayudarle a avanzar de forma gradual y personalizada. Claro, es que faltan recursos y hay niños que de verdad no quieren aprender, los jodíos.
Señoras, señores, más método, más evaluación de verdad, como decíamos ayer, y más profesionalidad. Los puentes no se caen, las personas tampoco deberían. Y cuando lo hagan alguien tendría que dar muchas explicaciones. En fin, que si hace falta que los padres empiecen a pegar a sus hijos, como en esta viñeta que vi en Menéame, oye, pues habrá que ponerse. Pero que aprendan a pegarles, por dios.
Es común encontrarse en la actualidad con padres desorientados en cuanto a la educación que dan a sus hijos debido a que no pueden poner límites a las acciones diarias de los mismos. Son muchos los que se quejan de la conducta de los niños y las respuestas que reciben de parte de ellos.

El comportamiento de los chicos ha variado mucho en forma proporcional en estos últimos años, al incremento de las comunicaciones, a la irrupción de las variables del mercado con sus vaivenes económicos, a la gran preocupación de sus padres por el sustento diario. La incertidumbre social, económica y política también traslada sus efectos al seno familiar y es justamente en la figura de los padres donde se observa la vacilación a la hora de establecer límites.

Es verdad que los niños parecen cada vez más despiertos, que tienen contestaciones adultas en muchos casos, pero no siempre son concientes de lo que están diciendo, aún cuando intenten desplegar un razonamiento sobre sus afirmaciones.

Sucede que la televisión, la computadora, internet, los juegos electrónicos, etc son medios de comunicación más comunes en los hogares de la actualidad que en el hogar donde transcurrió nuestra infancia y que si bien existían en forma mucho más limitada, no podemos obviar la revolución comunicacional que significó la red de internet en estos últimos diez años, la cual por otra parte, también afectó a los más pequeños, pero no tanto como a los mayores que no quisieron quedarse rezagados ante el avance informático, so pena de quedar como analfabetos del tercer milenio. De tanta información global se pasó a la ignorancia en lo particular. Por supuesto que no todo el mundo está informatizado y prendido a la red, pero todo el mundo la conoce aunque más no sea de hablar sobre los beneficios de la misma a la hora de obtener conocimiento de algo. Esto no es más que la apariencia de una consecuencia, es la vestimenta que adquiere el cambio en la calidad de vida de muchos, pero más allá de los efectos, brilla por su ausencia la causa. Y ausente es la causa que ha dejado no más que una estela, un rastro de lo pasado después de haberse instalado y promover cambios en la conducta de las personas, una causa que se desplaza tan rápido como rápido es el circulante en lo social.

Las quejas de los padres se han incrementado en los últimos tiempos, pero también es necesario reconocer que la falta de tiempo para los hijos también se ha incrementado. No se trata tampoco de creer que los padres no tienen ningún tiempo disponible porque están absorbidos por el trabajo o sus actividades diarias. En realidad lo tienen, tal vez un poco más limitado, pero el tiempo para atender a sus hijos lo tienen.

No es casual que las consultas a los especialistas se hayan incrementado, pues la variada disponibilidad de información en las ciudades hace que para cada inquietud haya una respuesta desde algún lugar. Esto también es una forma de invertir el tiempo que redunde en beneficio de quienes consultan, quienes a su vez intentan ganar mayor tiempo para otras cosas, y es deslindar en alguna medida la responsabilidad de la crianza de sus hijos hacia quienes se suponen deben conocer sobre educación desde lo ideal, cuando en verdad cada padre sabe cuál es su propia realidad.

Podemos diseñar estrategias para la evolución y correcto despliegue de las capacidades humanas, pero hay que recordar que los niños son personas en formación, por lo tanto la responsabilidad pasa antes que por cualquier especialidad, por su padres. Son sus padres quienes deberán también ejercitarse en el arte de ser ese Gran Otro para el niño y ser el Gran Otro no significa darle todo lo que pidan, ni dejarlos que hagan todo lo que quieran, ni que contesten lo que se les dé la gana, porque si sus padres se colocan en la posición de receptores pasivos de las influencias del niño, se están colocando en una posición que el niño no alcanza a comprender, se están colocando en la misma posición que uno adopta frente al estado al que le reclama algo. A veces están tan compenetrados en esa posición que se olvidan de ser lo que la vida les posibilitó ser, se olvidan que en el hogar el administrador es el que decide el rumbo que tomará la familia sopesando todas las posibilidades y atendiendo a cada uno de sus integrantes. Y no me estoy refiriendo solo a la figura paterna, que por otro lado merecería un capítulo aparte, me refiriendo a cada jefe de hogar, sea hombre o sea mujer. Un hombre o una mujer que es conciente de sus limitaciones y que comprende bien las necesidades de quienes están bajo su cuidado, y por el ejercicio de una buena comunicación con su familia depende también la buena administración del tiempo y de sus efectos; los bienes materiales, los beneficios compartidos con sus seres queridos.

Por supuesto que cada caso es particular y merece toda la atención para la mejor comprensión de la situación, pero en general se puede decir que no solo se debe propiciar un cambio en la conducta de los hijos, también deberá existir un cambio en la conducta de los padres. Y para esto es necesario conocer el plano psico-socio-ambiental y emocional en el que se desenvuelve la familia para pasar a lo más individual de cada componente y que afecta directamente a los hijos.


Existen sencillos consejos que uno no debe olvidar, porque están estrechamente relacionados con los valores fundamentales de la vida, son esos valores que si bien tienen su resonancia en lo social, están establecidos por lo que nos ha precedido siempre, y eso es la vida misma:


1) El ser humano posee una materialidad de su pensamiento, y ese es el lenguaje. Úselo de manera apropiada. Recuerde que la conversación es la posibilidad de los seres humanos de poder modificar las cosas.

2) Explique los motivos desde la verdad y de modo que pueda ser comprendida de acuerdo a la edad de sus hijos, no desde la mentira que ni usted se la cree.

3) Si sus hijos preguntan algo, es porque están empezando a capacitarse para cuestionar y comprender.

4) No confunda "autoridad" con "autoritarismo". La autoridad se ejerce desde la seguridad en lo que uno hace basándose en la confianza y la creatividad, además posibilita transferir al otro también confianza y creatividad en el desarrollo. En cambio el autoritarismo se basa en la desconfianza y cercena la creatividad de los demás.

5) Sea congruente entre lo que dice y lo que hace. Si muestra contradicción entre el decir y el hacer está sentando una causa de la cual verá en los más pequeños sus efectos.

6) No administre castigos físicos.

7) Poner límites también supone una renuncia que redundará en un buen ejercicio de la libertad, sepa también usted renunciar a ciertas cosas sin lamentos para que esa posibilidad también pueda ser aceptada por quienes verán en usted un ejemplo.

Recuerde que la libertad se ejerce desde lo que uno es y desde lo que se tiene, no desde lo que no se es y desde lo que no se tiene, pues de lo contrario caemos en la ilusiones de las falsas expectativas que solo conducen a la desilusión y a la angustia.

El mal comportamiento de los niños, es un síntoma, es señal de que algo no anda bien, y como todo buenos padres que se preocupan por ellos, es una saludable señal, reconocer que hay cambios que se deben hacer en la educación, cuidado y puesta de límites en ellos, pero para que esto sea posible, deben reformularse algunas cosas en nosotros mismos, pues no olvidemos que los niños son personas en formación y dependen de nuestras subjetivas conductas en el hogar, de cómo ellos se formarán.